Breve historia cantada del cannabis en España (2)

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En esta segunda entrega, seguimos avanzando de forma resumida y amena en la historia cannábica de España. En el anterior y primer artículo de esta serie, nos quedamos a inicios de la década de los 70, así que continuemos nuestro periplo temporal ¡Maestro que siga la música!

En los 70 llega la hegemonía del hachís

En el año 1973 España adapta su Código Penal a la Convención Única sobre Estupefacientes, y un año después el Tribunal Supremo dictamina que el consumo personal no entra dentro de los llamados “delitos contra la salud pública”. Esta decisión del Supremo convirtió a España en 1974, ironías del destino, en el primer país europeo en despenalizar el consumo. Pero no nos engañemos, las drogas seguían siendo ilegales, y si te pillaban tomándolas en público podían aplicarte la ley de Peligrosidad Social, pero si te sorprendían consumiéndolas en privado te librabas de la cárcel.
Aunque el estigma social seguía pesando, identificarse como porrero ya no tenía consecuencias legales y el carácter anticonvencional, comunitario y generacional que implicaba fumar hachís para una juventud desbordada de los cauces de un régimen franquista ya moribundo dio a la “mandanga” protagonismo en el cancionero rumbero. Ahí están por ejemplo Los Chunguitos presentándose en sociedad en 1974 con el acelerado sencillo de Me sabe a humo”.
Los “caramelitos” de grifa y los petardos que se vendían liados han dado paso a los porros de hachís. A mediados de los 70, los cultivadores del Rif comienzan a elaborar hachís como lo hacían en el Líbano, un acto de enorme trascendencia que acabará haciendo a Marruecos el principal exportador mundial del concentrado.
Aunque se había despenalizado el consumo, en paralelo a su popularización, la policía fue incrementando exponencialmente sus efectivos para la persecución de la venta, lo cual hizo más conveniente para los traficantes importar desde Marruecos la sustancia concentrada en tabletas de costo que en voluminosos fardos de grifa.
Consecuentemente, desde entonces hasta finales de los 90 será raro ver en España un cogollo de marihuana. La hegemonía del chocolate marcará a varias generaciones de porreros españoles.
Ahí está la portada censurada del primer disco de Veneno (1977) o Los Mánager de Huelva a los que les cantan los Pata Negra, aquellos desastrosos representantes cuyas pifias se explicaban en el pasodoble como fruto del ciego provocado por el alcohol y la resina cannábica: “Será de tanto cubata y tanto polen, y tanto polen”.
Algunos despistados atribuyen al Fary el mérito de haber hecho la primera canción sobre el porro en España, pero “La Mandanga”, que así se llama esta rumba, es del año 1979, y más que dar aviso de la novedad, en programas televisivos de prime-time de la época de la TVE de Valerio Lazarov, retrata la extensión del vicio del fumeteo de porros en la juventud de esos años:
Pasados 20 minutos, sin saber cómo y por qué
Con el aroma del humo yo también me coloqué
Me dijeron los chavales ven acá y aplástate
Le pegué a la mandanguita y se acabó mi timidez
Que dame la mandanga y déjame de té
Dame el chocolate que me ponga bien
Dame de la negra que hace buen olor
Que con la maría vaya colocón

Llega a democratización del porro en los 80

Con el desarrollismo y apertura de la transición democrática, la grifa da paso al hachís, y los hippies y modernos que habían sustituido a los grifotas como arquetipo del porreta, pasan a compartir con los pasotas su lugar en el imaginario colectivo.
También entran en escena los quinquis desarraigados que le dan al porro a base de bien, como los chavales de la película de Carlos Saura “Deprisa, deprisa” (1981), o como el Jaro, el macarra de ceñido pantalón retratado por Sabina en Qué demasiado (1980), que se lo montaba: “de guapo y de matón, de golfo y de ladrón y de darle al canuto cantidad”.
En los años 80 el porro se populariza y pasa de un cancionero marginal de rumbeo gitano y delincuentes juveniles a una realidad más masiva y transversal dentro del cancionero y tipología de cantantes que tratan dicha temática en sus composiciones.
Pero, sin lugar a duda, es Joaquín Sabina el autor principal de esta década dorada de la música en nuestro país al albur de la “movida madrileña”, es el que sintetiza y democratiza el uso del porro en muchas de sus más prestigiosas canciones.
Así, no será la del delincuente juvenil la única referencia cannábica que se cuele en el repertorio de Sabina, donde los amantes clandestinos se esperan en habitaciones de hotel con canutos bien cargados: Hotel, dulce hotel; o donde una pareja de okupas encuentra el paraíso terrenal en un piso de Moratalaz en cuyo balcón plantan cañamones de Ketama y en donde un pasado juvenil de risas y besos se recuerda a golpe de pareado porrero: Con la frente marchita:
Plantamos cañamones de Ketama 
y un tiesto nos creció ante el ventanal 
con una rama de árbol 
de la ciencia del bien y del mal”
Sentados en corro merendábamos besos y porros y las horas pasaban
deprisa entre el humo y la risa.
El estigma también se deja sentir en la censura de la época. Así, la canción El hombre, el oso y el madroño (1985), de Javier Krahe, se publica en su disco Corral de cuernos sin su última estrofa, mutilada con alevosía por la CBS.
Los versos decían: “Tú pásame esa china, china, que vamos a fumar aquí en la capital”, y su censura llevó al insobornable cantautor a dejar dicha discográfica.
Javier Krahe es importante en esta historia, pues fue uno de los integrantes de la Lista Anti prohibicionista, la filial española del experimento electoral por la legalización de las drogas nacido en Italia a iniciativa del Partido Radical, lista que llegó a sacar 3.330 votos en las elecciones generales del año 1989.
El verano de aquel año 1989, el grupo No me pises que llevo chanchas se hizo famoso entre otras canciones con Bolillón, que contaba la historia de un tipo que se coge un buen bolillón al fumarse varias piedras de hachís caídas de los bolsillos de camellos con los que se cruza por el laberíntico barrio sevillano de Santa Cruz. Su fácil estribillo, “bolillón, bolillón, bolillon” se corea con complicidad en toda Andalucía y el localismo, sinónimo de morao y de colocón, se populariza en toda España.
Bueno con este “Bolillón” ya un poco mareados hemos llegado hasta aquí con esta segunda entrega de nuestra historia cantada. Cuando estemos un poco más serenos seguiremos cantándoos y contándoos un poco más en nuestra próxima publicación del Blog.
CONTINUARA→
Nuestro reconocimiento a Fidel Moreno director de la revista Cañamo; autor del ensayo “¿Qué me estas cantando? Memoria de un siglo de canciones” (Debate 2018) obra que ha servido de guía e inspiración para la realización de estos artículos sobre esta Breve historia cantada del cannabis en España.