Entre canción y canción, sin darnos cuenta llegamos a la última década del siglo XX y nos adentramos en el nuevo siglo XXI. En esta tercera y última entrega, llegamos a nuestra época actual, en donde un hábito minoritario y contracultural, como fumarse un canuto, se ha convertido en masivo, en apenas unas cuantas décadas, así que entre caladas y canciones concluyamos nuestra historia.
Con la década de los 90 llega el activismo cannábico
La década de los noventa traerá el despegue del activismo cannábico en nuestro país, una fuerza dispersa que irá en paralelo al proceso de normalización social del uso del cannabis y que tiene en 1991 su acto fundacional en la creación de la Asociación Ramón Santos para el Estudio del Cannabis. Desafiando las políticas antidrogas, la ARSEC llevó a cabo el primer cultivo colectivo y fue el origen del movimiento asociativo que, andando el tiempo y aprovechando las grietas legales, ha llenado nuestro país de espacios liberados como lo son los Cannabis Social Clubs (CSC), como el nuestro.
En esa época se promulga la llamada ley Corcuera, que fue un intento de que los fastos de la Expo 92 no quedaran afeados con el perfume a porro que tenían las calles y muchos de los bares de la capital hispalense, un detalle impensable en el resto de Europa.
El caso es que, a partir de la dichosa ley, los camareros te echaban la bronca si, en medio de la humareda de tabaco, que eran los bares entonces, te daba por encenderte un porro.
Esta represión dejará su huella en la excelente Aquí no podemos hacerlo (1995) de Los Rodríguez. A ritmo de reggae, esta es ya una canción reivindicativa en contra de la persecución y es también una canción de amor eterno al hachís, donde las caladas son besos y el hábito se eleva con la fuerza de los amores prohibidos frente a los moralistas que dictaminan lo que se debe o no hacer.
Después del fin de Los Rodríguez, Andrés Calamaro se despachó con Alta Suciedad (1997), uno de sus mejores discos, donde estaba la canción de Loco que en sus estrofas decía: “Voy a salir a caminar solito y sentarme en un parque a fumar un porrito” y la de Nunca es igual, otro reggae de temática cannábica, con un gaucho que no duerme por haber perdido “una china de rojo libanés”
Pero realmente, con mucha más popularidad, el que vino a ser el gran himno prolegalización de los noventa fue obra de Ska-P y se tituló Canabis (1996).
En el año 1997 unos cuantos socios de la ARSEC crean la revista CAÑAMO, constituyéndose desde entonces como uno de los principales altavoces antiprohiacionistas en nuestro país, concienciando a miles de lectores en todo lo referente a la cultura del cannabis y por ende a contribuir a extender el autocultivo en España.
A partir del 2000 pasamos del estigma al reconocimiento
Así pues, la revista CAÑAMO se convierte en un agente fundamental de la revolución cannábica que se produce en la primera década del siglo XXI. Sus lectores descubren que lo que se fuma no es la hoja sino el cogollo y muchos “fumetas” se vuelven jardineros, con lo que el hachís empieza a perder poco a poco relevancia, cediendo su hegemonía a las numerosas variedades de marihuana que surgen en esta nueva sociedad verde.
En el 2001 Manu Chao conseguía conquistar a masas con el hit de Me gustas tú, haciendo el verso más coreado del verano en España aquel de: “Me gusta marihuana, me gustas tú”
En este verso simple se refleja la afirmación, sin necesidad de ninguna justificación, de que los “fumetas” del nuevo siglo: fumamos marihuana porque nos gusta, como nos gusta el mar, viajar, la lluvia o soñar.
También en estas décadas se produce un interesante movimiento de desobediencia por parte de enfermos que encuentran en el cannabis un alivio a sus dolencias, en paralelo a la investigación científica que va descubriendo que efectivamente los cannabinoides tienen no solo una aplicación terapéutica para dolores y enfermedades como la epilepsia refractaria sino también un enorme potencial antitumoral.
Mi primo Juan, los tanguillos que abrían el disco de Pokito a poko (2005) de Chambao, retratan la complicada realidad de la marihuana medicinal en España, donde a un enfermo de cáncer se la pueden recetar para los dolores o para las náuseas de la quimioterapia y tiene que optar por plantar o ir al mercado negro para proveerse de su medicina.
En este nuevo siglo estamos emplazados a terminar de una vez por todas con la prohibición y con la mal llamada guerra contra las drogas, que, en realidad, es una guerra contra las personas.
El nuevo escenario exige unas leyes que garanticen nuestra libertad personal y protejan nuestra salud, con información basada en la evidencia científica y un control de calidad que nos libre de intoxicaciones accidentales.
Del estigma al reconocimiento, paso a paso, calada a calada, canción a canción, la historia cannábica avanza en este país hacia la inevitable regulación. Ya no se pide la legalización a secas del cannabis, sino que se permita el autocultivo y sea el Estado el que regule su acceso a los mayores de edad, impidiendo el consumo a grupos vulnerables, como menores o personas con problemas psiquiátricos.
Hoy en día raro es el pueblo que no cuente entre sus huertas con un bancal donde florece la maría, y no es extraño encontrase en cualquier ciudad como la nuestra con balcones floridos llenos de cogollos, por no hablar de los invernaderos de interior que con gran discreción se reparten por todo el territorio nacional.
Ahí está para festejarlo La rama de Barcelona (2010), una alegre rumba de Kiko Veneno que en el barrio intercultural del Raval de Barcelona celebra la infinita variedad y la gran potencia del cannabis con denominación de origen español.
La rama de Pamplona
está sembrá, está sembrá,
y a la de San Sebastián
le han dado un premio en Ámsterdam.
La rama de San Fernando
la están criando, la están criando
y es la que arrasa
en los bancos y terrazas.
La rama de Barcelona
está molt bona, está molt bona.
La rama de Madrid
te canta así, te canta así.
Qué mareo
qué ya no sé ni lo que veo.
Y colorín colorado, entre caladas y canciones hemos llegado al fin de esta breve historia cantada del cannabis en España.
Nuestro reconocimiento a Fidel Moreno director de la revista Cañamo; autor del ensayo “¿Qué me estas cantando? Memoria de un siglo de canciones” (Debate 2018) obra que ha servido de guía e inspiración para la realización de estos artículos sobre esta Breve historia cantada del cannabis en España.