Breve historia cantada del cannabis en España (1)

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Ahora que decenas de miles de pacientes que usan cannabis por sus virtudes terapéuticas reclaman no tener que acudir al mercado negro para comprar su medicina y que varios millones de aficionados como nosotros disfrutamos de una variedad de hierbas y extractos que en nuestra asociación se nos brindan, habrá que intentar explicar de qué manera hemos llegado hasta aquí.
Con este primer artículo iniciamos una serie de tres entregas en nuestro Blog, en las que, a lo largo de estas, intentaremos explicar de forma resumida y amena la historia cannábica de España, siguiendo las canciones populares de cada época; canciones que retrataban de una manera rumbosa el estado de la cuestión en cada momento de nuestra historia.
A lo largo de estos años de historia resumida, intentaremos entender como nosotros: “fumetas”, “marihuaneros” y “porreros” hemos pasado del estigma social a cierto reconocimiento, y como una cosa antes minoritaria y contracultural se ha convertido hoy en día en algo más normal y “Mainstream”

Cigarritos de la risa y petardos

La historia del cannabis en España podríamos decir que comienza de forma plena y notoria a lo largo de la década de los años 30 del siglo pasado, siendo los primeros grandes importadores de cannabis los legionarios y las tropas regulares estacionadas en Marruecos.
Durante la Guerra Civil, el trasiego de grifa (como así se denominaba popularmente entonces) desde Ketama hasta el frente estuvo organizado y permitido por el alto mando franquista.
En la guerra todo vale, de esta forma los jerarcas militares golpìstas, todos ellos reaccionarios y ultraconservadores, miran para otro lado, al fin y al cabo, así se mantenía “alta la moral de la tropa”.
En definitiva, podríamos decir que la historia del cannabis en España comienza con una contradictoria gran hipocresía, pero como ya sabemos eso es lo más usual cuando hablamos de nuestra bien amada planta.
Así pues, fueron los legionarios los primeros en dejar constancia en una canción de que la grifa era una afición placentera, esgrimiéndola como una razón de peso para que un inglés se alistase en la legión:
Un inglés que vino de London
Para ver si en este gran país
Podía coger un colocón
Y al fin lo pudo conseguir
Empezó en los grandes cafetines
Cuál sería su ilusión, vacilón
Que el inglés cuando estaba colocado
Cantaba y decía esta canción:
Goodbyte, allright,
Yo quererme enganchar
En tercio de Millán de Astray
Que vicio y grifa hay
Durante la siguiente década de los 40 de dura postguerra, el consumo de grifa se dispara no sólo en ambientes digamos marginales. Los cigarritos de la risa, o los petardos, como también se les conocía por los estallidos de los cañamones al arder, se vendían en las principales ciudades de la España de la autarquía y el estraperlo.
Pese a esta primera tolerancia, una vez ya establecido y afianzado el nuevo régimen, comienza en la década de los años 50 una dura represión del fenómeno.
Se juzga y se pena el comercio y consumo de grifa, a la vez de que se intenta frenar el tráfico desde Marruecos. Los “grifotas” pasan a ser socialmente unos marginados y elementos subversivos de la Grande y Libre España Católica Franquista.

La década de los 60 grifotas e hippies lereleré

La represión seguirá en progreso intentando frenar la inevitable expansión del consumo que traerán los 60, entre jóvenes díscolos que hicieron de este consumo un símbolo contrario al convencionalismo.
En los márgenes se encuentran los grifotas con los primeros hippies autóctonos, un encuentro intergeneracional e interclasista que añadirá al consumo del canuto en España una dimensión cultural propia, en sintonía internacional con los movimientos de emancipación y con la revolución psicodélica que tienen en la música foránea anglosajona uno de sus mayores propagadores.
La veneración a un difuso pasado andalusí lleno de volutas de humo cannábico se mezcla con la fascinación orientalista hacia la India y el Nepal.
Si los legionarios pillaban un buen vacilón, los hippies y los jóvenes intelectuales que buscan experiencias de liberación personal, más allá de la revolución colectiva, empiezan a buscar el globo, que te lleva más lejos, el viaje a Nirvana.
Sin embargo, las alusiones directas al porro en la canción popular habrán de esperar un poco y a que los gitanos canten sus rumbas de extrarradio; los cantautores y los grupos pop nacionales más elitistas no parecen querer mancharse aun las manos, tomando partido en algo que sigue cargado con el estigma de marginal y delictivo.
En definitiva, las jóvenes ovejas negras de la burguesía entienden el porro como un hábito íntimo llevado con discreción y públicamente solo mentado al amparo de guiños para iniciados y dentro de sus círculos más próximos.
También es verdad que algunos de estos modernos sufren los golpes de la recién creada Brigada Especial de Estupefacientes y más de uno acaba haciendo una visita corta al psiquiátrico de la cárcel de Carabanchel, como el bueno de Henry Stephen, que se había hecho famoso en el verano del 68 con la canción “Mi limón, mi limonero”.
Sin embargo, son los gitanos (que en la década de los 70 se harán con el negocio de la grifa y el chocolate) los que empiezan a cantarle.
Por Andalucía circulaba aquella rumba, que todavía hoy se canta, de Eso que fuman los moros”; pero son Los Chichos, a principio de los 70, los primeros en grabar un éxito cannábico.
Con “La Cachimba” se abre la veda a la apología del consumo de cannabis en el repertorio nacional:
Cojo la cachimba y me pongo ciego
Que hace mucho tiempo que ya no te veo
Cojo la cachimba y me pongo ciego
Que hace mucho tiempo que ya no te veo
Me marcharé a Melilla a buscar una morita
Que a mí me quiera y que le guste también mi cachimbita
Vacila vacilando por la mañanita
Cojo la Cachimba y me pongo ciego,
Ciego de pensar solo en ti
Bueno, como quien no quiere la cosa ya hemos recorrido cuatro décadas de historia situándonos al inicio de la década de los 70 y hasta aquí hemos llegado en esta primera entrega, pronto seguiremos cantándoos y contándoos más en nuestra próxima publicación del Blog.
CONTINUARA→
Nuestro reconocimiento a Fidel Moreno director de la revista Cañamo; autor del ensayo “¿Qué me estas cantando? Memoria de un siglo de canciones” (Debate 2018) obra que ha servido de guía e inspiración para la realización de estos artículos sobre esta Breve historia cantada del cannabis en España.