Prohibicionistas, fracaso tras fracaso

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En España la idea de que hay que detener al movimiento cannábico se cristaliza en 2002 con unas declaraciones del Delegado del Gobierno para el Plan Nacional Sobre Drogas, donde aseguró que consultaría con la Fiscalía General del Estado cómo actuar contra revistas y growshops que hacían «una clara cultura de apología del consumo»
Como respuesta, Fernando Sequeros Sazatornil, fiscal del Tribunal Supremo, afirma en 2003 que la venta de semillas de cannabis y equipos para su cultivo, así como su publicidad, es legal, siempre que no se excedan los límites del autocultivo.
Tras fallar en este primer intento, el Ministro del Interior, Ángel Acebes, del Partido Popular, asegura en el mismo 2003 que van a crear una comisión de expertos para «que puedan perseguir incluso con una mayor contundencia a aquellos que realizan esa labor tan perniciosa y negativa para nuestros jóvenes»

Ángel Acebes, Ministro del Interior del Partido Popular

El denominado «Plan Acebes» pretendía prohibir semillas, growshops, revistas e incluso introducir la delación obligatoria, más el fracaso electoral del Partido Popular en 2004, afortunadamente, imposibilitó cualquier cambio legal.
El Gobierno español nuevamente en manos del Partido Popular lo intenta de nuevo en 2015, en este caso con la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana que aumenta las multas a usuarios y a auto cultivadores que tengan sus plantas expuestas al público, así como una persecución de los clubs (CSC) como el nuestro.
En ambos casos hay consecuencias inesperadas que benefician a los auto cultivadores y consumidores.
La reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, al multar las plantas expuestas al público, también reafirma la legalidad de las no exhibidas, siempre que se destinen al autocultivo, así pues, el cultivo de cannabis ya estaba descriminalizado en España, pero la nueva ley de seguridad ciudadana lo confirma aún más de manera explícita.

Pannagh una de las asociaciones de usuarios de cannabis pioneras en España

En 2015 el caso contra Pannagh (una de las asociaciones de usuarios de cannabis pioneras en España, fundada en Bilbao en febrero de 2003), deja claro que el autocultivo es una actividad que carece de relieve penal e implica un ciclo natural:
 «El cultivo para el exclusivo Autocultivo y auto cultivadores de cannabis y consumo personal es contrario a la legalidad, pero carece de relieve penal. El cannabis, como es sabido, es uno de los estupefacientes con ciclo natural de cosecha» (Tribunal supremo, 2015).

Del vacío a la Regulación Responsable

El Observatorio Vasco de Drogodependencias (actualmente denominado GABIA – Observatorio de Adicciones) da en el 2002 una serie de criterios para saber si estamos ante un auto cultivador: que consume lo que cultiva, la cantidad que cultiva, ser miembro de alguna asociación, no poseer útiles relacionados con el tráfico y la ubicación de las plantas.
En todo caso, los auto cultivadores viven en la ambigüedad, incluso el movimiento cannábico se ha pasado años sin propuesta común. Es muy probable que cuando diferentes actores del movimiento cannábico hablan de normalizar el cannabis se refieran a cosas muy diversas.
En 2016 distintos actores del movimiento cannábico se unen para presentar una propuesta unitaria: Los cinco pilares de una regulación integral del cannabis.
El primer pilar está dedicado al autocultivo, con una propuesta que trata los puntos principales como cultivo, transporte, almacenamiento, tenencia y conducción.
Establece una producción anual de hasta diez gramos diarios por usuario, cantidad que cubre las necesidades de la gran mayoría de cultivadores y consumidores, al tiempo que ofrece una sólida base legal, pues es la mitad de lo considerado como notoria importancia (Tribunal Supremo, 2001).
Además de este pilar ya existe un completo dictamen jurídico sobre su idoneidad, así como los puntos claves para su defensa y argumentación jurídica.
Así pues, casi todos los auto cultivadores españoles consideran que un aprovisionamiento de 10 gramos diarios cubriría sus necesidades.

Tomates vs. Pacharán

Más allá de aceptar la solución de diez gramos diarios, en la declaración de valores los auto cultivadores de cannabis señalan dos modelos muy familiares para los activistas: el de los tomates o el del pacharán.
El modelo de los tomates y el modelo del pacharán son dos conceptos teóricos y sociológicos utilizados por activistas y expertos en España para debatir y definir cómo debería abordarse la regulación y la normalización del autocultivo de cannabis en comparación con otras sustancias de consumo cotidiano.
Ambos modelos sirven para argumentar ante la jurisprudencia que el cultivo personal no es un delito de tráfico de drogas, sino una actividad privada de autoabastecimiento.
Atributo 🍅 Modelo de los Tomates 🍷 Modelo del Pacharán
Enfoque principal El derecho al acto de cultivar plantas en casa de forma natural. El derecho al almacenamiento de la cosecha para el consumo de todo el año.
Analogía legal Horticultura, huertos urbanos y autoconsumo alimentario. Elaboración artesanal de licores o excedentes de uso social/familiar.
Argumento clave No se debe fiscalizar el número de plantas ni criminalizar la jardinería. Poseer cierta cantidad acumulada no implica intención de tráfico o venta ilegal.
Como podemos ver “aquí hay tomate” y estos modelos podrían señalar modelos de aspiraciones a largo plazo, una vez que la sociedad haya normalizado totalmente el uso del cannabis.