
Al parecer de numerosos detractores de nuestra bien amada planta, resulta muy sorprendente ver cómo toda la información científica que ha ido generando la investigación alrededor del daño que genera el consumo del cannabis hace escasa mella en el discurso mediático y social que se mantiene sobre la marihuana desde hace tiempo a favor de su regularización, en lugar de defender políticas para reducir su consumo.
Siguiendo con su argumentación, muchos profesionales, y sobre todo los medios de comunicación, han trasladado a la opinión pública la idea de que fumarse un “porro recreativo” es inocuo o incluso terapéutico; este término “recreativo” ha generado que se banalice su consumo.
Así pues, al parecer de estos, todo consumo de cannabis genera un riesgo, proporcional a varios factores (edad, variables personales, frecuencia, cantidad de THC…), pero siempre es un riesgo.
Aumento del consumo mayor riesgo para la salud
Para la parte contraria, desde la evidencia científica disponible, no existe ninguna duda de que el consumo de cannabis y sus derivados: hachís, marihuana y aceites, entraña graves riesgos para la salud.
Sacándole punta a los datos, según nuestros detractores, el impacto que tiene el cannabis sobre la salud mental está claramente establecido: uno de cada 10 consumidores desarrollará una dependencia (el 17% si se inicia en la adolescencia), sirva como ejemplo que en el año 2015 se han realizado 15.676 admisiones a tratamiento por consumo de cannabis, cifra que, si se regulariza su venta y distribución, aumentará sin lugar a duda.
Siguiendo con este sesgo catastrofista, los trastornos inducidos por consumo de cannabis, incluida la psicosis, se relacionan directamente con la cantidad, intensidad consumida y potencia del cannabis por lo que, si aumenta su consumo, sobre todo en jóvenes, las cifras de esquizofrénicos aumentarán de forma exponencial.
Al parecer de nuestros detractores no hay que olvidarse de que las cepas de semillas más comercializadas y vendidas son las que presentan una mayor concentración de THC y aunque nosotros los defensores de su “regularización” indiquemos que solo se venderán las de menor potencia, habrá un mercado ilegal emergente que distribuirá semillas y cannabis con mayor potencia, como, estos indican, sucede en Uruguay y Holanda.
Según nuestros detractores, la regularización, como las políticas que rigen la venta de tabaco y alcohol, no es la solución. Pues según ellos la muestra de esta política fracasada se observa en los altos índices de prevalencia e incidencia en el consumo tanto del alcohol como del tabaco por parte de los adolescentes y jóvenes en España.
El daño cognitivo que genera (memoria, aprendizaje, toma de decisiones) es indudable y la dosis-dependiente, aumenta considerablemente si el consumo aparece en la adolescencia. Por lo tanto, la regularización contribuirá a un aumento de adolescentes y población general con problemas cognitivos aumentado, entre otros, el fracaso escolar y los trastornos depresivos y de ansiedad.
A la vez, aumentarán los accidentes de circulación y laborales. A estos daños habrá que añadirles un aumento de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
Siguiendo con todos estos argumentos contrarios, según nuestros detractores, la regularización, como las políticas que rigen la venta de tabaco y alcohol, no es la solución. Pues según ellos la muestra de esta política fracasada se observa en los altos índices de prevalencia e incidencia en el consumo tanto del alcohol como del tabaco por parte de los adolescentes y jóvenes en España, siendo de las más altas de Europa pese a las leyes vigentes.
Uso medicinal fuera de toda duda


