
El objetivo de la desintoxicación de drogas, también llamada eliminación de toxinas es conseguir que una persona que sufre una adicción a una sustancia tóxica suspenda su consumo de la forma más rápida y segura posible.
Las adicciones a sustancias estupefacientes pueden derivar en comportamientos que pueden llegar a afectar al cerebro y a la conducta, caracterizados por la dependencia a una o varias drogas, que con un consumo abusivo pueden resultar nocivas para el organismo. Llegado a estos límites resulta muy importante tomar cartas en el asunto.
Los síntomas más comunes que tienen los pacientes adictos a alguna droga, dependiendo de cuál sea esta, son:
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Ansiedad: el adicto siente ansiedad por consumir la sustancia tóxica.
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Pérdida del control: la incapacidad para parar de beber, fumar o esnifar, según sea el caso.
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Dependencia física: que provoca el síndrome de abstinencia que pueden conllevar sudoraciones, fiebre, temblores… cuando se deja de consumir la sustancia.
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Tolerancia, en otras palabras, la necesidad de consumir cada vez mayores cantidades de la sustancia estupefaciente para conseguir los mismos efectos.
Además, el consumo excesivo de estas sustancias, a la larga, puede conllevar graves problemas de salud, tanto mentales (psicosis) como físicas: daños en hígado, cerebro, etc., o incluso la muerte por sobredosis.
En qué consiste un tratamiento de desintoxicación
Los tratamientos de desintoxicación son procesos medicalizados para que los pacientes logren superar su adicción, eliminando o controlando la sintomatología de abstinencia. Suelen constar de tres etapas:
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Desintoxicación: en este primer paso muchas personas adictas deben ingresar en un centro, para que diferentes profesionales les puedan ayudar con el tratamiento de eliminación del organismo del alcohol u otras drogas y conseguir así la estabilidad física, sin que el organismo eche ya en falta la sustancia. Este proceso siempre se debe llevar a cabo bajo la supervisión de un médico y un psiquiatra que controlen la evolución del paciente.
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Deshabituación: este paso se realiza en personas que ya están desintoxicadas, es decir, que no sufren los efectos del síndrome de abstinencia. Se suele realizar con el paciente fuera de internamiento. La deshabituación es un proceso en el que la persona intenta no volver al consumo de la sustancia. El objetivo es llegar a vivir sin consumir, mejorar su funcionamiento psicosocial y tener unos hábitos saludables.
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Reintegración: por último, en esta etapa se consolida el cambio en el paciente y se llevan a cabo los planes y proyecto de vida futuros. Los profesionales le recordarán a este el compromiso que tiene con su nueva vida y procuraran apoyarlo en todo momento.

