Siguiendo el camino que llevo al cannabis hasta América deberíamos cruzar el Atlántico hasta las costas de Brasil. Una vez allí, penetrar en la selva, pasar a Paraguay, Bolivia, y adentrarnos en los paisajes andinos de Perú, Ecuador y Colombia hasta Centro-américa, México y el Caribe, donde la presencia del cannabis es muy reciente, al igual que en Estados Unidos y Canadá, convertidos en los últimos años en grandes productores.
La selva brasileña del río Amazonas, o la del Pantanal, donde el Mato Grosso da paso a Paraguay en lugares de extrema pobreza, que empuja a los campesinos al cultivo ilegal para sobrevivir.
En Bolivia, ningún viajero debe dejar de visitar el altiplano en el que se extienden las maravillas naturales del lago Titicaca y el salar de Uyuni. En las alturas de Bolivia y Perú los indígenas mascan hoja de coca para combatir la falta de oxígeno, y no resulta extraño la siembra de otras especies botánicas psicoactivas.
Plantaciones clandestinas desde Colombia a México
Antiguas culturas han dejado su huella en los paisajes descomunales de los Andes. Los incas de Perú lo hicieron en Cuzco y en el laboratorio agrícola de Machu Picchu, y también en Ecuador, que merece ser recorrido siguiendo la Avenida de los Volcanes, el alto valle interandino de más de 300 kilómetros de longitud con setenta volcanes, algunos todavía activos.
Las selvas aprietan la base de los Andes en su trayecto por Ecuador y Colombia. Son tierras propicias para la marihuana, que exige deforestación y produce un enorme daño al medio ambiente.
En el Pacífico colombiano se esconden plantaciones clandestinas en torno al puerto de Tumaco en Nariño, junto al Chocó, una selva impenetrable más feroz que la Amazonia.
La cintura centroamericana concentra todos los atractivos del gran viaje, cordilleras, volcanes, selvas y playas, que soportan una biodiversidad y fertilidad abrumadoras. Su gran atractivo cultural es la presencia de los restos de la civilización maya, con lugares del máximo interés en el remoto Tikal guatemalteco y en los yacimientos mexicanos de Yucatán, junto al estado de Chiapas, importante escenario de plantaciones ilegales.
Las desaparecidas civilizaciones mesoamericanas han dejado un patrimonio extraordinario en México, un país en el que todavía existen algunas comunidades que utilizan la marihuana en sus rituales.
Es el caso de los tepehuas de los estados de Veracruz y de Hidalgo, y de los indios Cora del estado de Nayarit, en ambos extremos de la Sierra Madre, que inhalan humo de la planta en sus ceremonias.
México es hoy uno de los grandes productores de marihuana, principalmente en los estados de Sinaloa, Durango, Chihuahua, Guerrero, Chiapas y Veracruz, algo inseguros para viajar por culpa del narcotráfico.
En Panamá, los indígenas Cuna siguen viviendo en su archipiélago con una alta autonomía en la conservación de sus tradiciones, entre ellas la de considerar el cannabis como un “pedazo del corazón de dios”, que nunca falta en sus ritos.

Ecuador merece ser recorrido siguiendo la impresionante Avenida de los Volcanes. Dabit100 / David Torres Costales, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons

Si hay un país que se vincule directamente a la presencia de la marihuana es la hermosa isla de Jamaica. Foto de Nigel SB Photography en Unsplash



