Los viajes del cannabis. Segunda parte

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La silenciosa presencia del cannabis se puede encontrar en muchas culturas, donde la espiritualidad ha tomado formas propias o se ha entretejido profundamente con la vida cotidiana. Los lugares en los que se ha mantenido su cultivo forman un conjunto de destinos llenos de interés propio.
Tienen en común el estar apartadas de rutas convencionales, los paisajes remotos, elevados en las montañas más inaccesibles del planeta, en las que se profesan religiones místicas, o sumergidos en la profundidad de la selva, donde el animismo tiene raíces profundas. Su interés viajero radica en conocer lugares de extrema belleza y sociedades ancladas en formas de vida ancestrales.

Un viaje por numerosos paisajes exóticos

El viaje debe iniciarse en la cuna de la planta del cáñamo, en los áridos desiertos del centro de Asia, todavía poco visitados por los occidentales. China está abriendo sus territorios del noroeste, lugares que el turismo todavía no ha transformado.
Ya se puede acceder al altiplano de Qinghai y a la Región Autónoma Uigur de Sinkiang, a sus extensos paisajes casi vacíos, desde los ondulados pastos de Mongolia interior a las altas dunas del desierto de Taklamakan y las montañas del Himalaya. Sin olvidar que la Ruta de la Seda tiene en la zona uno de sus tramos más duros, con etapas fascinantes en Jotán y Rasgar.
El tren puede ser la mejor manera de acceder a Tíbet desde Qinghai, en un trayecto de incomparable belleza y gran dificultad técnica. A pesar de los riesgos que impone la altitud y de la dificultad de los permisos de visita, Tíbet supone una profunda inmersión en la espiritualidad de los monasterios budistas, encaramados en montañas sagradas, en un territorio ideal para hacer senderismo de altura.
El Tíbet supone una profunda inmersión en la espiritualidad de sus monasterios budistas
En el pequeño Reino de Bután encontramos también una poderosa presencia del budismo.
La misma naturaleza grandiosa y una cultura semejante se encuentra en el pequeño Reino de Bután, con una poderosa presencia del budismo y un alto, y exótico, índice de Felicidad Nacional Bruta.
Nepal es la otra joya incrustada en los Himalayas, con el bellísimo valle de Katmandú y excelentes rutas de trekking por vertientes en las que crecen espontáneamente las plantas de cannabis.

De Cachemira a África

Las blancas cumbres del Himalaya coronan los paisajes del norte de la India, con sus laderas meridionales jalonadas por monasterios. El valle de Cachemira es uno de los lugares más hermosos del continente, con sus fértiles tierras regadas por el agua del deshielo, templos budistas en Ladakh, conocido como el pequeño Tíbet, y monasterios hinduistas de la parte de Jammu.
A pesar de contar con mayoría musulmana, es tierra de sijs, entre ellos los grupos nihang de guerreros pacifistas que consumen sukha parshaad, una bebida que contiene cannabis y les ayuda a acercarse a su dios, al que rezan en el Templo Dorado de Amritsar, en el vecino Panyab.
El viaje continua en la costa oeste de la India, visitando los puertos de atraque de los antiguos barcos omaníes con base en Máscate, que comerciaban en los maravillosos paisajes lacustres de Kerala, en el extremo sur de la India, famoso por producir un cannabis extraordinario, el Kerala Gold, en uno de los estados más singulares del país por su belleza y alto nivel de desarrollo humano.
Kerala Gold (también conocida como Mahadevan o Neela Chadayan) es el nombre que recibe una variedad de cannabis originaria de Idukki, en el estado de Kerala, al sur de la India. Es reconocida internacionalmente como una de las mejores variedades de cannabis de Asia.
Los mismos navegantes omaníes introdujeron la marihuana en la costa africana del índico, cerca de la que se encuentran hoy tres países, Kenia, Malaui y Sudáfrica, que son importantes cultivadores.
En el extenso litoral índico se conservan varias reliquias de la cultura suajili de los marineros musulmanes. El intacto archipiélago de Lamu, en el norte de Kenia, con sus islotes de desiertas playas virginales en las que descargan los dhows, los viejos barcos de madera de vela triangular.
En el sur de Kenia, la populosa Mombasa conserva su centro antiguo en una isla litoral defendida por el mar, de la misma manera que el fascinante archipiélago de Zanzíbar, próximo a la costa de Tanzania, que ofrece una inmensa belleza natural y muestra en Stone Town un fragmento de Arabia en pleno índico africano.
El archipiélago de Lamu, en el norte de Kenia, con sus islotes de desiertas playas virginales es todo un placer para los sentidos.
El fascinante archipiélago de Zanzíbar, próximo a la costa de Tanzania, nos ofrece una inmensa belleza natural.

De Nigeria y Marruecos a Europa

Los árabes también diseminaron las plantas de cannabis en sus campañas terrestres por el norte de África. Se sabe que ya se cultivaba en Egipto en tiempo de los romanos, en el fértil delta del Nilo y que era generosamente consumida en los cafés de El Cairo.
El paisaje lacustre del delta, unido al urbano de Alejandría, merecen un viaje, más allá del recorrido de los monumentos antiguos que orillan el río sagrado en El Cairo y entre Luxor y Asuán.
De Nigeria y Marruecos procede buena parte del cannabis que entra en Europa. Si el primero no es demandado por los viajeros, el segundo es uno de los países más bellos del mundo, no solo en el norte, en las montañas del Rif, también en la cordillera del Atlas, que guarda emocionantes caminos senderistas al pie de las cumbres nevadas, entre aldeas de casas de adobe y palacios olvidados.
Además de sumergirse en la arquitectura y el arte medievales de las ciudades imperiales marroquíes, es posible visitar el hermoso valle de las casbas que utilizaban las caravanas en busca del paso hacia Marrakech, camino de acceso hoy a las dunas de Merzouga y al Valle del río Draa, cuyas aguas se traga el Sáhara cerca de Zagora.
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